• Sipi Falls,  Uganda

    Sipi Falls, el tesoro del Mont Elgon

    Sipi Falls, cercano a Mbale, es uno de los rincones más impresionantes de Uganda. Aunque el trayecto es bastante duro si se hace dependiendo del transporte local, los bellos paisajes naturales harán olvidar las penas. Maravillosas rutas y senderos por descubrir. 

    Perdimos mucho tiempo durante la mañana de nuestra salida de Jinja a Sipi Falls. Después de que varias personas, esas que el día anterior nos habían parecido majísimas a la entrada del River Camp, nos trataran de engañar jurando y perjurando que un súper autobús maravilloso venía a buscarlos hasta la puerta del alojamiento y nos llevaría directamente hasta Sipi Falls, buscamos una opción B. Pasamos de todos y decidimos ir por nuestra cuenta y sin tener en consideración ningún consejo por miedo a que fuera otra mentira. En ese momento no sabíamos a lo que nos enfrentábamos.

    Las condiciones de transporte de Uganda son bastante más cutres que en otros países. Da igual que en cada matatu haya escrito que el número máximo de personas que pueden entrar son catorce. Para ellos, ese catorce parece es el mínimo. El trayecto completo duró más de seis horas y abarcó cuatro vehículos distintos y terrenos bastante malos. Primero, descender desde el recóndito lugar en el que se encuentra Nile River Explorers hasta la parada de matatus que hay en el cruce de las calles principales (no hace falta ir al hasta el town). Después, esperar a que un matatu dirección Mbale tuviera la gente suficiente como para considerar que podíamos salir ya. Por el camino, cambio de autobús con la consiguiente pérdida de los sitios buenos que habíamos conseguido (al principio del todo junto al conductor) y nueva ubicación en la parte de atrás donde ves la vida pasar más rápido y sientes que la muerte está al acecho. Al llegar a Mbale y pensar que era el final del destino, vimos que teníamos que tomar otro matatu de casi dos horas para ir hasta Sipi Falls. Y una vez en Sipi Falls, tomamos un coche junto con otras siete personas para subir hasta el lugar donde íbamos a pasar la noche, ese último trayecto fue de unos veinte minutos. A pesar de nuestro evidente cabreo, vimos paisajes preciosos a lo largo del recorrido.

    Al llegar a Crow’s Nest, un hotelito local que poco a poco va construyéndose, nos relajamos.  Por ahora se trata de cabinas que, por diez euros la noche, están bastante bien: tienen una cama grande, mosquitera, no estaba sucio y tiene un baño al lado, aunque sin agua caliente ni luz. Lo más impresionante sin duda son las vistas de las cataratas Sipi desde la terraza privada que tiene cada una de las cabinas. Pese al cansancio, la escasa luz y la ausencia de conexión a Internet, el lugar resulta mágico. Especialmente cuando nos traen la cena y unas cervezas para coger sueño antes de emprender la excursión al día siguiente.

    Por la mañana temprano nos levantamos y tomamos un rico desayuno para conseguir reponer energías. Nuestra idea es hacer una ruta de cuatro horas para poder comer y después tomar el autobús nocturno que nos llevaría a Nairobi esa misma tarde desde Mbale. Durante la excursión con guía local vimos las tres cataratas principales en un paisaje precioso y un tiempo estupendo. En Uganda el clima varía mucho del día a la noche, y aunque a altas horas de la mañana o cuando cae el sol se experimentan temperaturas frías, durante el día hace bastante calorcito. Todos los lugares que íbamos viendo a lo largo de la excursión nos obligaban a permanecer mirándolos una vez más para retener toda esa belleza en la retina. A nuestra vuelta al hotel nos deleitamos con platos típicos buenísimos como arroz con frijoles, matoke (una especie de puré hecho con plátano verde y que tiene un sabor parecido al puré de patata), salsa de cacahuetes y verdura.

     

    Sin duda es un lugar al que volver, a pesar de lo complicado que nos resultó el trayecto. Pero las magníficas vistas y la compañía de nuestro guía nos dejaron un buen sabor. El viaje de regreso a Nairobi fue un horror absoluto por las condiciones del autobús y por el terreno. Compramos los billetes el día anterior a nuestra llegada a Mbale, y tuvimos la mala suerte de que nos tocó en la fila de atrás, donde no es posible inclinar los asientos. La próxima vez esperemos tener más dinero y poder ir en un coche alquilado.