• Blyde River Canyon y Safari en Parque Kruger,  Sudáfrica

    Blyde River Canyon y Kruger

    Nuestra primera parada en Sudáfrica fue para visitar el Blyde River Canyon y el Parque Nacional Kruger, dos de los puntos más espectaculares y visitados en todo el país. Aquí nos dimos cuenta de que las tasas de criminalidad son bastante más elevadas que en otros países y hay que estar alerta. No se debe ir andando de noche por la calle y hay que extremar las precauciones.  

    Abandonamos con gran tristeza las playas de Mozambique después de unos días mágicos difíciles de superar. Con gran mentalización previa, nos preparamos para las que iban a ser entre once y catorce horas de viaje por tierra, para ir, primero, a Maputo, y desde allí a Komatipoort, donde se encontraba el alojamiento base que teníamos para ir posteriormente a hacer las dos excursiones más importantes que ofrece la zona: el Parque Nacional Kruger y el Blyde River Canyon.

    Partimos desde Tofo en el autobús Fatima’s, que no es otra cosa que un autobús local que hace el trayecto Tofo-Maputo (y a la inversa) todos los días, y su primera parada es el backpackers Fatima’s Place, al que no fuimos por una serie de catastróficos comentarios hacia la cadena en Tripadvisor.

    Después de doce horas de viaje entre Tofo y Maputo, tomamos un taxi desde la capital mozambiqueña hasta la frontera de Resano García. Pagamos 50$ por un trayecto de una hora y media. Después de pasar la frontera, tomamos un autobús local que nos dejó en el backpackers Kruger View, situado cerca de Komatipoort. Allí permanecimos cuatro noches. Hay varias opciones de alojamiento cercanas al Parque Kruger y esta es una de las mejores. Hay otras personas que optan por pernoctar en Nelspruit, pero esta zona está mucho más cercana, especialmente a los que vienen desde Mozambique. Nos alojamos en una especie de cabañas (que era la opción económica), pero el lugar tenía también habitaciones con baño muy bien preparadas y bastante bonitas.

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    Las dos excursiones que realizamos las contratamos previamente hablando con la dueña del backpackers, quien, aparentemente, no se quedó una comisión sino que su labor era poner en contacto a clientes y operadores. Ambas excursiones comenzaron pronto por la mañana, entre las seis y las siete. La primera fue un recorrido por antiguos pueblos coloniales y varios enclaves naturales, terminando en el Blyde River Canyon. Nuestra guía era una señora sudafricana de edad avanzada que se parecía bastante al Hada Madrina de Cenicienta. Sin embargo, todo su candor desapareció cuando nos contó que nunca sale de casa sin su pistola para protegerse. No comments. La ruta comenzó visitando algunos de los pueblos donde los primeros colonos buscaban oro. Ahora el pueblo se ha convertido en un punto de referencia turístico. Tras la visita a una cascada y parada para comer una crêpe salada (según el Hada Madrina era un plato típico en Sudáfrica, una mentira como un piano), llegamos hasta el impresionante Blyde River Canyon. Es una maravilla de la naturaleza y una excursión completamente recomendable.

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    Con mucha motivación ante el plato fuerte que estaba por llegar, fuimos pronto a dormir para recuperar fuerzas y estar preparados para la gran visita del Parque Kruger. El enclave recibe este nombre en honor al aclamado líder de la resistencia de los boer contra el Imperio Británico y posteriormente presidente de Sudáfrica, Paul Kruger. Es el principal parque turístico en el que avistar vida salvaje en Sudáfrica. Se sitúa en la frontera con Mozambique, y tiene una extensión de casi 19.000 kilómetros.

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    Las primeras diferencias con los parques Serengeti y Ngorongoro no tardaron en aparecer: manadas de jirafas y elefantes recorriendo gran parte del parque, una concentración vegetal menor y unas instalaciones muy superiores. Escuchamos el canto de los pájaros e insectos mientras la sabana se despertaba, con la sensación de estar viviendo un momento mágico y de completa armonía con la naturaleza. Impresionante y bonito. Sin embargo, nos quedó un sabor agridulce ya que no vimos ningún felino. Eso nos motivó para apuntarnos a otra excursión para realizar un safari nocturno, ya que según se dice, hay más probabilidades de ver a los animales carnívoros en acción durante la noche. Por desgracia, no tuvimos éxito.

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    El safari fue la guinda a una etapa muy divertida y muy bonita, donde nos despedimos de nuestro amigo que nos había acompañado durante parte el trayecto en Mozambique.