• Liwonde National Park,  Malawi

    Parque Nacional Liwonde

    En Malawi hay varios parques nacionales muy desconocidos por el público pero que ofrecen a los viajeros la posibilidad de ver bastantes animales. Entre todas las opciones, nosotros elegimos hacer un safari en canoa desde el Parque Nacional Liwonde (en parte porque habíamos oido buenas referencias y era el que nos iba de paso hasta el lago).

    Una vez que terminamos nuestra visita del grupo de música en la prisión de Zomba, pusimos rumbo a Liwonde en matola, aunque también se puede ir en autobús y minibus. El funcionario de prisiones nos llevó muy gentilmente desde la prisión hasta la parada de autobuses de Zomba, donde elegimos el transporte. Siempre que decidimos viajar en matola nos arrepentimos. Aunque también nos arrepentimos muchas otras veces de tomar autobuses en lugar de transportes más pequeños. En cualquier caso, la opción que elijas para moverte en transporte local en África siempre te va a parecer la peor.

    Al llegar a Liwonde town pronto vinieron a nosotros al menos quince personas para ofrecerse a trasladarnos a donde quisiéramos. Este es uno de los peores momentos de los viajes, cuando te ves rodeado de gente sin quererlo ni beberlo y todo el mundo comienza a gritarte y a tirarte del brazo sin que puedas reaccionar. En cualquier caso, la opción más fácil para dirigirte hacia la zona de alojamiento es tomar una bicicleta para ti y otra para el equipaje para llegar a alguno de los lodges cercanos al Parque Nacional de Liwonde. Nosotros fuimos en un matola solo para nosotros y pagamos 3.000 cuachas, pero no es habitual que hagan ese trayecto. A la vuelta fuimos en tres bicicletas y pagamos lo mismo. Aunque pensábamos que iba a ser un viaje duro, la verdad es que fue bastante bonito ir viendo el paisaje y saludando a la gente.

    Nos alojamos en Bushman’s Baobabs Lodge. El sitio era un poco caro para nosotros como para permitirnos una habitación. Aunque en esta ocasión decidimos no acampar porque íbamos justos de tiempo y fuimos directamente al dorm. Tuvimos la suerte de no había nadie más compartiendo la habitación con nosotros, ya que había otros dorms donde se quedaron el resto de huéspedes que había elegido esta opción. Pagamos 20$ por las dos camas en una habitación que tenía espacio para que durmieran al menos una veintena de personas. El lugar estaba muy bien y hacía un calor más o menos soportable aunque un clima muy seco sin apenas brisas de aire. Se pueden contratar múltiples actividades en el lugar. Si se tiene un coche 4×4 se puede visitar por libre las reservas. Las charlas nocturnas con el dueño, un veterano de Botsuana que tras hacer las américas volvió a la África natal, son muy interesantes.

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    Nuestras camitas en Bushman’s Baobab Lodge

    Después de darnos una ducha rápida e iniciamos nuestra ansiada actividad: el safari en canoa, que es una experiencia completamente recomendable. Lo reservamos previamente por teléfono y costó 20$ por persona. Siempre se hace entre las 14.30 y 17.30, para regresar antes de que comience el atardecer (en Malawi a las seis de la tarde ya comienza a hacerse de noche). Se recomienda llevar la cabeza tapada y crema solar. El paseo en canoa daba un poco de miedito en algunas ocasiones, ya que estás a la intemperie absoluta y a merced de que los hipopótamos no tengan un día juguetón. El guía nos dijo que podía ocurrir que la barca volcara a causa de los animales marinos: “No sería la primera vez. Hace unas semanas fuimos atacados por unos hipopótamos cuando hacíamos el paseo con unos turistas franceses. Afortunadamente no pasó nada, todos corrieron a la orilla”, nos dijo una vez colocados en la canoa.

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    Antonio en plan explorador

    Venciendo el miedo ante un peligroso ataque de hipopótamos agresivos, hicimos de tripas corazón y seguimos con la excursión que estaba prevista no sin pensar para nuestros adentros “¿quién me manda a mí estar aquí pudiendo hacer la excursión en barco?”. Durante el paseo el guía estuvo explicándonos muchas cosas, como que los elefantes negros son agresivos con los humanos porque en el pasado el hombre los trató muy mal y aún se acuerdan. Tuvimos la ocasión de ver dos a una distancia no muy lejana y la verdad es que imponen bastante. También vimos varios hipopótamos que mostraron su hostilidad con sonidos amenazantes, como indicándonos que no éramos bien recibidos. Al final del viaje tuvimos la gran suerte de ver un cocodrilo gigante. Según nos dijo el guía, éramos los primeros en ver un cocodrilo en 2016, ya que el último fue visto a finales de noviembre de 2015.

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    Nuestro amigo el cocodrilo despidiéndonos entre la hierba