• Madagascar,  Túlear y Anakao

    Tulear (Toliara) y Anakao

    Tras varias semanas en un clima frío, pusimos rumbo a la costa. La ciudad costera de Tulear (Toliara) nos esperaba para pasar una semana allí además de Mangily y Anakao. Maravillosas playas, comida y gente. Un lugar mágico al que deseamos volver alguna vez. ¡Ay, Madagascar, qué bonito eres!

    Si habéis leído nuestra entrada anterior ya sabéis que nuestros planes se trastocaron un poco cuando me puse enferma. Afortunadamente no fue nada grave y pronto emprendimos el rumbo hacia la costa. Desde Antisrabe llegamos a Tulear en taxi brousse (el medio de transporte local) en dos días. El primero hicimos siete horas de viaje hasta Fianarantsoa y dormimos en un hotel cercano a la estación de buses, que está en el top el top five de cuchitriles en el que jamás hemos estado, pero teniendo en cuenta que llegamos sobre las siete de la noche y salíamos a las siete de la mañana, era la mejor opción. Sorprendentemente había agua caliente y un buen colchón.

    No vimos Fianaratsoa, aunque era un lugar de paso que no tenía malas referencias. La gente lo utiliza como base para ir al Parque Nacional de Ranomafana. Nos levantamos temprano por la mañana y fuimos a desayunar a un restaurante frente a la estación en el que habíamos cenado la noche anterior. Además del desayuno pedimos que nos preparasen unos bocadillos para comer durante el viaje. Con las pilas recargadas esperamos una hora más de lo previsto a que saliera el taxi brousse, mientras lo iban cargando al doble de su capacidad. En África, donde hay espacio para 20 hay espacio para 40. 

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    Nuestras mochilas entre maletas, fruta y gallinas

    El traslado entre Fianarantsoa a Tulear fue de casi doce horas. Las carreteras no son precisamente el punto fuerte de Madagascar. Sólo hay una en todo el país y la velocidad a la que se puede ir depende de si hay población cercana, de las curvas y del estado de la calzada. Llegamos a Tulear por la noche donde nuestra amiga nos esperaba con un rico pescadito para cenar. Al día siguiente, el sol nos daba una gran bienvenida y el plan del fin de semana era inmejorable: un viaje en grupo en un bonito hotel de la costa de Anakao.

    En Tulear la verdad es que no hay mucho que hacer. Hay playa pero no es tan impresionante como la de Mangily o Ifati, dos destinos cercanos mucho más visitamos por los turistas. Fuimos a visitar el centro cultural que la Ong Agua de Coco tiene en la ciudad y escuchamos cantar a las chicas de la coral Malagasy Gospel para dos reportajes que podéis ver en El Mundo y en Sin Filtros. En Tulear dimos un paseo por el centro y fuimos a comer a un restaurante llamado Blu que estaba muy bien.

    Desde Tulear tomamos la lancha a motor Anakao Express para llegar hasta esta preciosa playa de arenas blancas y aguas turquesas de la costa en Anakao. Se podría ir por tierra, pero se tardan bastantes horas. El barco dura una hora y media y son 35 euros por persona ida y vuelta. Suele salir por la mañana entre las 9 y las 10 de Tulear y sobre las 7 y las 8 de Anakao. Para llegar hasta el barco, subirán vuestras cosas y a vosotros mismos en un carro tirado por cebús, la vaca nacional. Nos dio mucha pena el esfuerzo de los animales ya que tenían que sortear el agua fangosa de la playa con la baja mar.

    Probablemente Anakao y la isla de Nosy Ve (no confundir con Nosy Be) sea uno de los lugares más bonitos de todo el viaje. Nos alojamos durante dos noches en una preciosa cabañita en el maravilloso hotel Longo Vezo. El único contra para los quisquillosos es que no funcionaba la ducha (ni en ninguna otra cabaña) y había que ducharse con cubos de agua y calentar el agua previamente en los hornos solares, un artilugio que está mejorando la vida de muchas personas en Madagascar a la hora de cocinar y de calentar el agua, ya que la única energía que se necesita es el sol.

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    Nuestra cabaña con el horno solar fuera

    El primer día estuvimos paseando en la playa y descansando y por la noche disfrutamos de una super cena en compañía del resto de viajeros con los que habíamos ido. Pronto vinieron varias niñas a intentar vendernos souvenirs y también se ofrecieron a darnos un masaje, hacernos trenzas a las chicas y a ponernos protector solar en el cuerpo que ellos hacen con arena. Al final compramos un camaleón para que se fueran contentas y declinamos el resto de sus ofertas.

    Al día siguiente algunos fuimos a hacer diving mientras que otros hicieron un bautizo de buceo. Madagascar tiene muy bonitos arrecifes en los que se pueden ver diferentes corales y peces de colores. En esa inmersión también vimos una tortuga. Después del buceo nos unimos los dos grupos frente a la costa de Anakao, la pequeña isla de Nosy Ve, donde hicimos una excursión tras una mañana de buceo. Tomamos el sol, nadamos y disfrutamos de un pescado hecho a la brasa y acompañado de arroz y salsa de tomate a orillas del mar. Cada vez que nos acordamos se nos hace la boca agua.

    A la noche estuvimos todos juntos en el hotel disfrutando el atardecer, ya entristecidos porque al día siguiente tenía que abandonar ese paraíso. Preparamos una pasta con pescado, salsa de tomate y erizo de mar que compramos a unos pescadores, un producto muy caro en Europa y casi imposible de conseguir en algunos lugares pero fácil de hacerlo en la costa del índico. Una super cena de lujo para decir au revoir a Anakao.

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    Antonio y la puesta de sol