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    Mahambo y Sainte Marie

    El broche final de nuestro viaje en Madagascar fue la isla de Sainte Marie, para los malgaches Nosy Boraha, muy conocida por muchos por ser un buen lugar para avistar ballenas. Para llegar hasta allí pasamos previamente por Tamatave y por Mahambo, desde donde tomamos un barco para llegar a la isla.

    Parecía mentira que hubieran pasado ya casi dos meses desde que habíamos llegado a Madagascar. No todo el mundo puede decir que ha pasado dos meses de su vida en este increíble país. Y, aunque recorrimos los puntos más importantes, aún nos queda mucho por ver. Como somos muy playeros, durante la recta final del viaje estuvimos en la isla de Sainte Marie, muy conocida por ser un buen lugar para avistar ballenas.

    Partimos desde Andasibe después de haber visitado el Parque Nacional de Andasibe Mantadia. Paramos para comer en un restaurante español en Tamatav (Toamasina) llamado La Terrasse. Estaba gestionado por un español que había vivido casi toda su vida en Francia y Madagascar, con lo que tenía un acento bastante curioso a la hora de hablar en castellano. El menú del restaurante la verdad es que de español tenía poco, pero comimos bien, que era de lo que se trataba. Desde allí continuamos nuestro trayecto hasta Mahambo, donde debíamos tomar un barco al día siguiente para llegar a la isla de Sainte Marie. Como la mar estaba movida, tuvimos que quedarnos un día más de lo previsto en Mahambo, pero lo disfrutamos igualmente ya que nos quedamos durante dos días en el precioso hotel La Pirogue. Aquí nos despedimos de nuestro chófer, que regresó con el coche de alquiler a Antananarivo.

    El hotel está en primera línea de playa y tiene una decoración muy africana. Está gestionado por unos italianos que planean abrir más hoteles en la isla. La verdad que este sitio es como para dejarlo todo e irse a vivir una temporada. El típico lugar que se ve en las postales de viaje. Después de ese día de “sufrimiento” en Mahambo, tomamos un barco que después de tres horas nos trasladó a Sainte Marie. El día no era especialmente agradable: llovía y el mar estaba bastante movidito. Fuimos con la compañía El Condor, que no dispone de mucha oferta de trayectos especialmente. El barco está bien y el precio es de 30 euros por trayecto. Si optáis por esta opción en lugar del avión, tened en cuenta que a veces los barcos se cancelan si la mar no está en buenas condiciones. Por eso nosotros decidimos regresar a Antananarivo en avión ya que era una hora frente a quince entre barco y coche.

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    Al llegar a la isla nos trasladamos a nuestro alojamiento que habíamos contratado por Airbnb. Se trataba de una cabaña con tres habitaciones, cocina, porche y salón en Natiora Green Lodge, gestionado por Ermes, un señor italiano muy agradable que os ayudará en todo momento, y su mujer malgache. No está en el centro de Sainte Marie, sino apartado a una media hora de trayecto en coche. Está en la parte norte de la isla, con lo que si lo que os lleva a Sainte Marie es la Ille de Nantes, estáis bastante lejos. Como el tiempo nos impedía hacer nada, pasamos el primer día tomando cócteles en el bar restaurante del lodge y hablando con Ermes sobre su vida en la isla y su misión para promover el control y seguridad de las ballenas. Si os interesan el avistamiento de las ballenas, la temporada comienza a finales de junio principios de julio. 

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    Así es la entrada de Nationa Green Lodge

    La cabaña era espectacular y su porche el mejor lugar para desayuna. El único problema eran los lémures, muy acostumbrados al trato con los humanos y se hacían amigos de todo aquel que les diera algo de comer. Teníamos auténticos ataques cuando estábamos comiendo, así que al final siempre teníamos a algún miembros del staff con un palo ahuyentándolos.

    Durante nuestro segundo día decidimos ir a la Ille aux Nattes, la parte más salvaje de la isla donde las playas son de arena blanca, corales y se encuentra frondosa vegetación por todas partes. Para llegar hasta aquí hay que ir por tierra hasta e pequeño puerto pasado el aeropuerto donde están las piraguas con las que llegar a la isla. Esto ocurre cuando se está en alta mar, cuando hay baja mar se puede ir andando. Aquí se disfrutan playas vacías con una conexión absoluta con la naturaleza. ¡No había nadie más que nosotros! Para comer nos fuimos a Sambatra Beach Lodge, donde nos prepararon un rico pescado acompañado de arroz y verduras. Tomamos también zumos naturales y fruta de la isla como postre.

    El centro de Sainte Marie está curioso para darse una vuelta e ir a algún sitio a cenar. Nuestra visita en Madagascar coincidió con la celebración de la Eurocopa 2016, así que durante parte de nuestro recorrido estuvimos viendo los partidos de la selección, incluso la derrota de España frente a Italia, de la que se alegraron Antonio y Ermes. Hay un restaurante pizzeria La Cambusa, también de nuestro amigo Ermes donde nos tomamos unas pizzas riquísimas que parecían llegar directamente de la bella Italia.

    Otro de los atractivos de Sainte Marie es que se trata de un buen destino para hacer buceo. Hay varias compañías en la parte sur de la isla que se dedican a ello. Nosotros hicimos dos inmersiones con Bora Dive & Research, disfrutamos de la inmersión aunque nos esperábamos un fondo marino mas impresionantes. También se pueden dar caminadas por el interior de la isla aunque nosotros no hicimos. Al haber ido durante la época de lluvias perdimos dos días por el mal tiempo, lo que nos dejó un día para visitar Ille aux Nattes, otro para hacer buceo, y el tercer día para disfrutar de la playa que había donde se encontraba nuestra casita. La despedida desde el avión nos ofreció una impresionante visión de los colores turquesas de la Ille Aux Nattes.

    Adiós, Nosy Boraha, adiós Madagascar.