• Antananarivo,  Madagascar

    Qué ver en Antananarivo

    La capital de Madagascar es una ciudad que rompe con cualquier esquema africano. El país, y especialmente Antananarivo, están a caballo entre África y Asia, entre el caos y el orden urbano, entre el influjo colonial y un carácter único. 

    El viaje hasta Antananarivo fue duro y muuuuy largo. Comenzamos abandonando la casa de nuestro amigo bicicleting, un fenómeno que lleva recorriendo el mundo en bicicleta durante varios años y que nos había acogido en su casa de Cape Town unos días. Llegamos a las 13.00 al aeropuerto de Cape Town y desde allí, volamos con Mango Airlines hasta Johannesburgo, donde llegamos sobre las seis de la tarde, y tuvimos una laaaarga escala hasta la una de la madrugada que tomamos el vuelo de Kenya Airlines hasta Antananarivo con escala en Nairobi. Un trayecto un poco absurdo, pero era el vuelo más económico (ida y vuelta nos costó 400 euros!). Por fin, a las 14.30 del día siguiente, poníamos pie en Madagascar sin que se hubiera perdido nuestro equipaje.

    El tiempo era mucho mejor que el que habíamos estado sufriendo en Cape Town (menudo frío y lluvia!) y de nuevo estábamos en África. Si bien Madagascar tiene una gran mezcla de culturas, guarda todos los componentes de un país africano. Con influjo árabe, asiático, africano y europeo, Madagascar es un cóctel cultural inigualable. Y eso ya se puede ver en la caótica Antananarivo, la capital del país, donde estuvimos una semana al llegar y donde volvimos en más ocasiones después de cada ruta. Durante la primera semana nos quedamos en una habitación privada de una casa de Airbnb, y después en el Hotel Restaurant Le Pavé, en el centro.

    Merece la pena quedarse en Antananarivo uno o dos días, pues que el país ya es enorme de por sí y hay mucho que ver. Aquí os proponemos los imperdibles de Tana, como los locales llaman a la ciudad.

    · Recorrer el centro: Antananarivo os cautivará desde el momento en que aterricéis. El caos y la afluencia de gente de diferentes culturas será motivo suficiente para adorar la ciudad. Antananarivo discurre entre varias colinas donde se han desarrollado diversos barrios. La vía principal es la Avenue de l’Independance. Aquí se podrán encontrar algunos hoteles que antaño fueron grandes hospedajes y que a día de hoy están de capa caída. Cerca de la Avenue de l’Independance se encuentra la antigua estación de ferrocarril y el mercado principal de Analakely, donde se puede encontrar de todo: frutas, verduras, carne, dulces, ropa y cualquier cachivache made in China. Cerca de allí podéis tomar unas cervezas en el bar restaurante Le Glacier, donde hay música en directo y se pueden ver escenas sórdidas como jovencitas malgaches guapísimas acompañando a señores franceses que podrían ser sus padres.

    · Legado cultural: El Palacio de la Reina (Rova) se erige en lo alto de la ciudad y desde aquí se puede ver una bonita panorámica de la ciudad. Lo habitual es pagar a un guía local para que explique la historia del país y sus numerosos asentamientos provenientes de diferentes culturas. El Palacio de la Reina sirvió como residencia para los soberanos del reino de Merina durante los siglos XVII y XVIII. Fue construido como la residencia privada de la reina Rasoherina. Actualmente está esperando financiación para poder comenzar a su restauración, ya que un fuego originado en 1995 destruyó parte del exterior y dañó todas las estructuras del interior del complejo del Rova, poco antes de que fuera inscrito en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La Place de l’Independance, sin ser una maravilla, es otra zona alta de la ciudad en donde hay algunos edificios coloniales y donde se está desarrollando el barrio moderno.

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    · Compras: Sin duda, el Open Air market es el mayor mercado que podréis encontrar en Madagascar donde hay de todo. Madagascar es un país que tiene mucha artesanía y gusto para elaborar los productos. Cualquier pequeño detalle es una maravilla, y ¡el precio es muy barato! Nosotros nos volvimos locos comprando cosas. Bolsos, recuerdos, bisutería, carpetas para documentos, piezas elaboradas con minerales locales, ornamentos de cuerno de cebú. Dejad espacio en la maleta…quien avisa no es traidor.

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    Las chanclas son made in China, el resto made in Madagascar